Sobre mí
Mi nombre es Paula. Soy la creadora de este espacio y la encargada de llevarte de la mano a conocerme un poquito más para que puedas sentir más de cerca mi trabajo.
El Inicio
Mi camino con el hilo comenzó en 2019. Iba un día caminando por el Bosque del Betato con mi padre y me entró una urgencia increíble por recoger palos. En ese momento no tenía ni idea de que era el principio de algo que iba a cambiarme la vida. Recogí unos cuantos y los dejé aparcados un tiempo. Hasta que un día, estaba en casa programando unas actividades para los adolescentes que acompañaba como educadora, y vi imágenes de tapices de macramé.
En ese momento, la misma urgencia que había sentido por recoger palos, sentí que me llamaba a hacer uno de esos tapices. Y así fue.
Compré hilos, puse el palo en el pomo de la puerta de mi salón y comencé a tejer. Fue muy curioso porque no tenía la sensación de estar aprendiendo algo, mi sensación era de estar recordándolo, de que, de alguna manera, yo ya sabía hacer eso. Me gusta mucho pensar que en otra vida fui tejedora y que es algo que traigo de mucho tiempo atrás.
Sea como sea, la sensación fue de estar en casa. Me pegué muchas horas delante del tapiz. Se me olvidó comer, beber, ir al baño… A lo que me di cuenta había pasado mucho rato.
Crear para la belleza
Poco a poco fui creando diferentes tapices y pronto me di cuenta de que era un espacio para mí de hacer lo que me diera la gana. No me gustaba copiar, mirar patrones, aprender nudos… Me gustaba crear, solo crear, sin más intención que disfrutar y generar belleza.
Y así, a mi ritmo, fui tejiendo y regalando mis creaciones a familiares y amigas en cumpleaños o eventos especiales. Me hacía una ilusión tremenda que, algo que había hecho yo con mis manos y “de la nada”, ahora estuviera haciendo más bonita la pared de alguien a quien quería.
El paso hacia proyecto
Un día, una amiga me pidió expresamente que le hiciera un tapiz y, en ese momento, algo por dentro me dijo que era el momento de plantearme recibir dinero por ellos. De darle más espacio en mi vida y que no solo fuera un hobby. Abrir la puerta realmente a la posibilidad de convertirlo en mi proyecto laboral.

Desde ese momento hasta ahora, el sendero del hilo me ha llevado totalmente a conectarme al amor, la ternura, el merecimiento y la vida. Atreverme a mostrarme, a mi ritmo, desde un lugar de absoluto cuidado y amor hacia mí y hacia la vida en general, a la vez que me siento parte de un mundo en el que ver nuestra belleza, conectarnos a ella y generarla es lo que lo mueve. Esto me ha dado fuerza, esperanza, ilusión y una capacidad que muchas veces he sentido que no tenía. Me ha dado una red en la que descansar y coger fuerza.
Porque en este punto tengo que contarte que… NUNCA SE TRATÓ SOLO DE TEJER. Se ha tratado siempre de generar un espacio amoroso en el que poder ser yo en todas mis versiones. Un espacio donde nada está ni bien ni mal, sencillamente sucede.

Y si ahora estás pensando en un espacio donde todo son unicornios y arcoíris, déjame decirte que sí, están, pero también me ha ayudado a ver partes de mí que no me gustaban, que dolían y que eran tremendamente incómodas. Porque verme con los ojos del amor no significa que nada duela, ni que nada me atraviese. Estamos vivas y sentimos, lo que nos gusta y lo que no, eso es así. Y lo bonito y poderoso es poder tener un espacio que te abraza, donde pase lo que pase sientes que hay un suelo blandito y amable que te va a recoger. Esto permite a su vez sentir esos unicornios y arcoíris cuando aparecen y ver la vida desde una mirada mucho más amable y realista.
Los talleres
Entre tejido y tejido la gente se iba interesando en cómo podrían hacer sus propias creaciones. Me empecé a plantear enseñar a la gente a tejer. No sabía muy bien como facilitar estos espacios porque me conectaban a una creatividad tan libre que me parecía imposible poder transmitirlo y que no fuera un auténtico caos.
Pero un día me atreví e hice un pequeño tallercito para mi familia rebelasonera en La Nave del 15 (paréntesis aquí para contarte que pertenezco a un grupo de batucada de Zaragoza muy molona, que se llama Bloco Rebelason, con gente más molona aún).
Fue una prueba piloto en la que tejimos sujetando el tapiz en unas timbas y fue todo bastante improvisado. Y qué bien que fue así. Porque gracias a eso pude conectar con la facilidad que tenía para facilitar estos espacios y que no hacía falta sangre, sudor y lágrimas para conectar con la creatividad y generar espacios de bienestar. Y además pudimos tejer y quedaron piezas súper bonitas.
Recuerdo la sensación de ilusión al ver lo que había creado cada persona a raíz de una misma explicación por mi parte. Cada tapiz representaba perfectamente a su tejedora y me pareció precioso ver esa diversidad de creaciones. Iba con miedo de lo que podría pasar y fue un auténtico éxito.
Esto fue un punto de partida muy bonito para creerme y hacer más fuerte la idea de que esos espacios de creatividad a través del macramé eran posibles.
Esos espacios amorosos que había creado para tejer yo conmigo, se expandieron y fueron una realidad compartida, que, a día de hoy se complementan con otro sueño, el de abrir mi propio espacio creativo en el que poder tejer y crear red. El Espacio Entretejidas es el que acoge ahora estas experiencias y donde podemos compartir vida.
Y… ¡hasta aquí! Esta es mi historia y así se la he contado
